domingo, 28 de noviembre de 2010


"En México los juaristas seguían la lucha y tenían continuos encuentros con los franceses. En medio de los sucesos militares, la política se complicaba. El emperador Maximiliano, imaginando que la mayoría del país vería con buenos ojos una reconciliación entre los partidos republicano y conservador, se rodeó de los primeros y descontentó a los segundos; sancionó las leyes de libertad de cultos y bienes de manos muertas, dadas antes por Juárez, y con ese motivo rompió relaciones con la Santa Sede. Disgustado el clero y los obispos, varios de éstos salieron para el extranjero.
Napoleón, considerando que los Estados Unidos se mostraban descontentos por la ocupación y que sus relaciones con Prusia se hacían más tirantes, resolvió retirar sus soldados de México; pero antes quiso hacer una última tentativa: mandó un ministro plenipotencia rio a Estados Unidos para pedir a aquel gobierno el reconocimiento de Maximiliano como emperador de México.
Después de 5 años de encarnizada guerra con los estados del sur, el gobierno de Estados Unidos había triunfado y firmado la paz; sintiéndose fuerte y no queriendo renunciar a sus oscuros proyectos, se negó abiertamente al pedido de Napoleón.
El frío se hacía sentir en Berlín, mis hijos estaban delicados y yo misma no estaba bien. La escasez que nos hacía sufrir el Ministerio y el poco caso que hacía de los trabajos de mi esposo nos decidieron a que él pidiese permiso para trasladarse a Francia. Apenas lo recibió, dispusimos nuestro viaje. Llegamos a París en los primeros días de enero de 1866.
La vida que allí hacíamos era bastante tranquila, pero fueron a turbar nuestra paz las noticias de la familia de mi esposo: había perdido a su padre y a su madre. Luego, una mañana mi hijito Rafael amaneció enfermo. Llamamos al doctor, quien declaró que tenía cólera y estaba muy grave. Al día siguiente sus ojitos se cerraron y voló al cielo."    

Anteriormente agregue un fragmento de la obra escrita por Concepción Lombardo, la que fuera esposa y gran amor de el general MIguél Miramón. Esta obra biográfica relata la vida de Concepción desde su infancia hasta 1917, 4 años antes de su muerte. En ella nos platica de una forma muy amena los acontecimientos históricos de los que fue testigo como el fusilamiento de Maximiliano, su propio marido, las sucesos en Europa y  el desarrollo de la política en México. En mi opinión un relato de coraje y valentía. Una vida llena de altas y bajas. Una vida de cierta forma en represión. Y una historia de amor en las buenas y malas. "Memorias de una Primera Dama" es un libro que otorga excelente información y sobre todo un libro muy bello. 

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